Gallery Un líder de la iglesia en Jamaica dice que nada es más poderoso que un buen ejemplo

Adrian Cotterell se matriculó en una institución adventista para alumnos pupilos esperando pasarla de fiesta todos los fines de semana. Poco imaginó que allí sería bautizado. Imagen de Andrew McChesney / Misión Adventista

 

June 25, 2017 | Mandeville, Jamaica | Andrew McChesney, Misión Adventista

Cuando Adrian Cotterell se matriculó en el undécimo año en una escuela adventista para alumnos pupilos en Jamaica, no estaba interesado en el cristianismo. No creía en el pronto regreso de Cristo, y pensaba que en especial los adventistas eran unos tontos por guardar el sábado y rehusarse a comer puerco.

Adrian escogió el Colegio Secundario de las Indias Occidentales, sobre una colina de la ciudad central de Mandeville, dado que pensó que era como los demás colegios con internado, donde los estudiantes podían pasarla de fiesta.

“Quería pasármela de fiesta todos los sábados por la noche”, dijo Adrian.

El adolescente de 17 años pronto se dio cuenta de que la institución pertenecía a la Iglesia Adventista y seguía las enseñanzas bíblicas. Por un breve tiempo, procuró hallar una manera de vivir fuera del campus, porque no le gustaba la comida del comedor estudiantil. Pero descubrió que vivir afuera era más costoso, y no podía dejar la institución porque su padre ya había pagado todo el año. Por ello, resolvió quedarse pero evitar el cristianismo.

“El cristianismo no era algo que yo quisiera”, dijo. “Creía que los cristianos eran ancianos, enfermos y estaban próximos a morir”.

Su impresión inicial de los jóvenes adventistas no fue buena. Sus primeros nuevos amigos lo invitaron a mirar un partido de fútbol en la ciudad en sábado. Otro estudiante adventista lo invitó a participar de un plan para robar leche del comedor estudiantil, y se burló de él porque se rehusó acompañarlo.

Un compañero de habitación que “vivía a Jesús”

Adrian fue enviado a una habitación junto con otros tres jóvenes, uno de los cuales era adventista. Ese estudiante adventista, Leonard Steele, “vivía a Jesús en esa habitación”, dijo Adrian.

Adrian miraba que Leonard oraba cada noche antes de acostarse. Lo veía orar en el mismo lugar frente a la ventana cuando se levantaba por la mañana. Antes de ir a clases, Leonard inclinaba su rostro en la puerta y le pedía a Dios que lo guardara durante el día, y oraba cuando regresaba de clases. Cada vez que entraba y salía de la habitación, oraba. También leía su Biblia y la Lección de la Escuela Sabática todas las tardes después de clases, y los fines de semana iba a la ciudad a ayudar y animar a los residentes.

Adrian estaba impresionado.

“Me resultó atractivo”, dijo Adrian. “Me dije a mí mismo: ‘Me gustaría ser como él, siempre estar orando, estudiando y animando a otros. Me encantaría ser como él’”.

Leonard notó que su compañero de habitación lo estaba observando, y lo invitó a estudiar juntos la Lección de Escuela Sabática. Leonard le mostró a Adrian cómo hallar versículos en la Biblia para la lección de Escuela Sabática. Le habló del diezmo, y de la cofundadora de la Iglesia Adventista llamada Elena G. White.

“Yo no sabía quién era ‘Hermana White’”, dijo Adrian. “Escuché que la mencionaban en la iglesia. Mi compañero me dijo que era profetisa, y me mostró cómo saber según la Biblia quién es un verdadero profeta, para que viera que sus visiones eran de Dios”.

Cambio de vida

A los pocos meses de comenzar la escuela secundaria, Adrian dejó de comer puerco y sintió un deseo creciente de adorar a Cristo en sábado. Le entregó su corazón a Jesús cuando un pastor visitante hizo un llamado al bautismo durante la Semana de Oración de la institución en marzo.

Leonard estaba muy complacido. Invitó a Adrian para que lo acompañara en las salidas de los fines de semana para compartir versículos bíblicos en la ciudad, y ese verano llevó a Adrian a colportar, diciéndole que los cristianos se fortalecen cuando comparten su fe.

Adrian era el único adventista de su familia. Sus padres aceptaron su decisión, pero sus amigos de la niñez lo ridiculizaban diciéndole que era una nena por rehusarse a fumar y beber. Cuando vieron, sin embargo, que seguía fiel a sus convicciones, dejaron de burlarse.

Adrian terminó siendo pastor, presidente de asociación, y ahora es director de los departamentos de Escuela Sabática, ministerios personales y servicios comunitarios de la Iglesia Adventista en Jamaica. También supervisa la obra de la iglesia con los ciegos y sordos. Leonard trabaja como pastor en Kingston, la capital de Jamaica. Ambos siguen siendo buenos amigos.

Adrian dijo que el ejemplo de un adventista que siga a Cristo tiene más poder que un sermón o una doctrina bíblica.

“No fui atraído hacia el adventismo por Elena White, el sábado o el santuario”, dijo. “Fue el estilo de vida de mi compañero de habitación. Yo quise ser cómo él”.

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